Se puede, ¿se debe?

Las variedades dialectales suponen el gran desafío para el estudiante de árabe en España, tanto más cuanto que no existe una formación reglada integral que cubra los vacíos dejados por el árabe formal enseñado en los centros de educación universitaria. Recursos en abierto hoy hay de sobra, con diccionarios, tesis, estudios orientados a estudiar los dialectos locales de aquí y de allá, y de ámbitos específicos cada vez más frecuentes en la red, pero, ¿a quién llegan? y, ¿a dónde van los que lo estudian?

No hemos de resignarnos a creer que únicamente esa generación de niños nacidos de padres marroquíes habrá de ser la elegida para manejar la dariya marroquí en nuestro país, dialecto que supone, para el que intenta introducirse en los vericuetos del árabe, el mayor obstáculo al desarrollo pleno del idioma árabe formal, que en muchos casos supone un callejón sin salida, por cuanto que no abarca el papel comunicativo que aspira a cubrir. A este respecto, incluso dentro de la dariya, la importancia de la temática es fundamental, un amigo de origen tangerino que nunca había vivido en Marruecos me comentaba que al visitar Tánger ignoraba la designación de la mayoría de lo que le rodeaba, no entendía las expresiones ni a los chicos de su edad. Sus conocimientos únicamente cubrían el ámbito doméstico en el que su madre de había estado dirigiendo a él desde su niñez.

Los tiempos cambian, la caducidad de la era del papel ha robado relevancia al árabe formal, a la vez que el desarrollo de internet, que ha roto el monopolio discursivo, nos ha brindado cada vez más instrumentos y recursos populares para acercarnos a la dariya marroquí, con la aparición de canales de YouTube en los que el interlocutor habla su propio idioma, siendo el protagonista y hablando como suele hacerlo (Hibapress, ChoufTv, HessPress), también canales locales, por si queremos conocer un dialecto en concreto. Si queremos hacer una inversión, con algo menos de 200€ podremos comprar, instalar y orientar una parabólica, accediendo a los más de 500 canales de televisión del Nilesat a los que tienen acceso los habitantes del Norte de África, de los cuales hay al menos una veintena marroquíes. El WhatsaApp ha traido consigo la adaptación del alfabeto a los caracteres latinos (sa7bi), YouTube ha traído un verdadero buffet de películas y series abiertas al público en las que conocer la vida de los suburbios de Casablanca y del Marruecos profundo, pero aunque cada vez más cerca por la red y por población, no se encuentran sino contadas instituciones en las que estudiar la dariya, como Fundación 3 Culturas -cofinanciada por Marruecos- y Casa Árabe, a las que se van sumando otras, amén de los cenáculos populares de la dariya (el restaurante Al Bahia o la plaza Nelson Mandela de Lavapiés), demasiado cutres para el arabista. El estudiante de árabe es inicialmente conminado a estudiar árabe normativo, bajo la premisa de que podrá entenderse con todos, pero llegado el momento, ¿Qué diálogo se da entre dos si uno solo habla y solo uno entiende? ¿Un comunicado?

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En cuanto al ámbito profesional de la dariya, la interpretación, que debiera estar viviendo su edad de oro, (más allá de los románticos episodios en los que Pilatos o Ciro recurrieron a un intérprete en momentos cruciales para la historia) en la era del desplazamiento y la comunicación, ha caído a la categoría de trabajillo de mozo, con empresas como «Ofrilingua» y «Senprotec«, duopolio que frustra el desarrollo del oficio con malas artes (sin exigir una prueba que acredite unos conocimientos ni cotejar formación, porque el verdadero requisito es aceptar cobrar menos de 10 euros la hora de interpretación en sede judicial, exigiendo hacer el desplazamiento y el trabajo administrativo fuera de la hora que abonan por juicio) prestando un servicio en sede judicial presupuestado en 50€/hora, en el desarrollo de la cual el intérprete, con responsabilidad legal, tiene que jurar que hará una traducción fiel y veraz, en cuyo caso de no ser tal podrá ser condenado por falso testimonio (así como por cohecho o revelación de secretos), y enfrentarse a penas de prisión. Es por ello, y con razón, desechada por gran parte de los titulados universitarios que merecen estar ahí.

Pero tampoco en la universidad se forma en dialecto marroquí (sino en dos semestres, y sustituibles por dialecto oriental) al estudiantado; el remanente del pasado (colonial-militarclerical) en las relaciones con Marruecos, la falta de interés formal que suscita la dariya en un país cuya élite domina el francés, la jerarquía universitaria dominada por unos arabistas-diplomáticos imbuidos en la idea de la hegemonía del árabe formal, así como cierta tendencia a hacer derivar los estudios árabes a la sociología son algunas de las hipótesis que se barajan para explicar los déficits que sufre el egresado universitario de Estudios Árabes en el idioma del vecino Marruecos.

Un comentario en “Se puede, ¿se debe?

  1. «No existe una formación reglada integral que cubra los vacíos dejados por el árabe formal enseñado en los centros de educación universitaria»… y en las Escuelas Oficiales de Idiomas (donde, que yo sepa, se enseña prácticamente el mismo). Aunque, a decir verdad, ni existe ni debería existir, a menos que creamos que es más fácil, eficaz y económico montar una enseñanza oficial paralela que reformar la existente. Muchos, desde luego, estarían encantados de poder seguir enseñando su árabe de fábula y de que hubiera a donde mandar a esos estudiantes, pocos, que no se conforman con él, como tradicionalmente se les mandaba, con cajas destempladas, a Berlitz (cf. https://anisdelmoro.blogspot.com/2020/07/tangencial-nuestro-arabismo.html) o al profesor particular o la academia privada de turno.

    En la Universidad de Murcia se viene enseñando el árabe hablado y escrito en Marruecos, de manera integral, desde al menos 2015 (https://anisdelmoro.blogspot.com/2016/01/ensenanza-integral-del-arabe-hablado-y.html). Es una iniciativa pionera y única en España, pero también de desigual (o nula) aplicación, según el profesorado y pese a que la documentación de los títulos la respalda; para paliar lo cual, desde diciembre de 2016 se exige a todos los aspirantes a la docencia la acreditación práctica de un nivel mínimo de marroquí (https://www.um.es/docencia/antanins/sgc/i3timad).

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