Samarcanda, una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, la gran capital de Tamerlan, donde se habla más tayiko (farsi) que uzbeko (túrquico). De la que el insigne Ibn Batuta dijo que era la más perfecta en cuanto a belleza, una ciudad que podia haber cambiado el curso de -nuestra- historia de no haber muerto Tamerlán antes de recibir al rey castellano Enrique III, cuyas pretensiones eran las de formar una alianza contra el Imperio Otomano. Quizás el Mar Mediterráneo hubiese pasado a ser un mar español, pero entonces muy probablemente nuestro inmortal Miguel de Cervantes Saaverda (Saib Draa – manco, que tiene media mano, شبه ذراع- ) nunca hubiera sufrido las desventuras (galeras, miseria, guerra, presidio) que le llevaron a escribir ese adalid de la libertad que es el Ingenioso Hidalgo.